Canción del borracho que, tras beber no poco y entender no mucho, se fue a su casa caminando y discurriendo en atroces rimas

En medio de la noche
estaba yo en McDonald’s
tratando de saciarme el hambre toda
o más bien engañando
el ansia de mi vientre
por revertir el asco que se asoma
en medio de la noche
—siempre es entre la noche
que las luces secretas
del día se reflejan diferentes
sobre cosas comunes y corrientes
que en medio de las gentes
estábanse seguras, transparentes—.

Un pollo, cualquier cosa
revuelta con tomate
tomé con Inca Kola en una mesa
que estábase desierta,
por mí sólo poblada
en medio del bullicio del planeta;
la comí sin premura,
la bebí indiferente
mientras el tiempo todo
corría por en medio de mi pecho
cual yo mismo corría como ausente
del asco que me habita
por desesperación que desgañita.

Y fuime muy derecho
por entre la avenida
extensa cual extensa es mi garganta
en la que siempre ahogarme
los gritos de mi pecho
es cosa muy normal y sucesiva
pues siempre he de marchar
sobre mis muchos pasos
que acaso si avanzan
tronando en el brillante pavimento
reflejen la metáfora del viento
que dice a los oídos
las voces de los pasos sucesivos,

sonidos poco audibles,
bastante incomprensibles
para los muy constantes caminantes
que en el suelo durante
la dura caminata
fatigan longitudes invisibles
mientras que las risibles
distancias de la vida
figuran bajo formas
acaso de palabras o quimeras
que el pecho ni la mente juntamente
jamás articularan
y así sobre los pasos caminaran

en medio de la noche
—siempre es entre la noche—,
cansado de beber y fatigarme
con piscos sucesivos
que nunca los latidos
repliquen de lo hondo de mi pecho
pues siempre he de beber
las copas de la vida
aunque yo más no quiera
asirme a los trabajos de mi pecho
estrecho a respirar el aire raro
que no me satisface
cual muchas copas que el bebedor hace.

Y así de aire o de copas
me adentro entre la noche
buscando la distancia que al fin una
mi mucha ignorancia
sobre las cosas todas
con esa muy discreta competencia
del sueño que me habita
en medio de la noche
—siempre es entre la noche—
para transfigurar las horas diurnas
del mucho trabajar que nos agota
en el asaz descanso
nocturno en que la mente se abandona.

Canción, tú que estás hecha de palabras,
acuéstate conmigo
y dime entre mi sueño los latidos.

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