Tarapoto, listo

La vida puede verse como una lista de tareas que se tienen que hacer. Es una forma de matar el tiempo para tener la ilusión de que controlamos cómo este se nos escapa, con la ventaja adicional de que al mantenernos ocupados evitamos el ocio filosófico que nos llevaría a evaluar qué estamos haciendo con esa vida que preferimos compartimentar en tareas en vez de verla como una totalidad. Quizá por eso solemos usar nuestras vacaciones y feriados en viajes a lugares llamados turísticos, donde, como la palabra misma indica, damos vueltas de un lado a otro recorriendo atracciones naturales o culturales que se supone que son atractivas y que por eso las tenemos que ver, actividad que nos mantiene literalmente entretenidos entre un sitio y otro, sin opción a tenernos a nosotros mismos frente a la pregunta fundamental por el ser de nuestras vidas, esos ríos que van a dar a una mar no turística. 

Así las cosas, por 28 de julio decidí no deprimirme con el mensaje presidencial sobre el estado de nuestra no exitosa república y más bien entretenerme en un viaje a Tarapoto, pues jamás había ido a la selva peruana, además de que el Palíndromo me susurraba: «Tarapoto para ti, Tarapoto para ti, Tarapoto para ti…».

Estos son algunos de los ítems de la lista de tareas que pude cubrir en mi tour por Tarapoto:

  • Ver luciérnagas, listo.
  • Ver hormigas gigantes avanzar en fila frente la puerta de tu habitación, listo.
  • Ver insectos que no sabes si son hormigas, cucarachas o abejas, listo.
  • Ver insectos, o al menos miniseres, que parecen tener solo cuatro patas, listo.
  • Ver dos arañas copulando, listo.
  • Correr a cerrar la puerta de tu habitación para que no entre un monito de barba blanca, listo.
  • Que en la noche te visite un reptil y te observe desde el techo del baño mientras orinas de pie, y luego empiece a bajar poco a poco, listo.
  • Que te lleven en moto sin casco cuatro veces en un día, listo.
  • Conocer por enésima vez a una chica guapa cuyo brillo opaca a su novio, listo.
  • Rehusarte a montar un caballo pequeño, flaco y triste que forma parte de un tour, listo.
  • Viajar en la proa de una lancha y que el agua de la Vertiente del Atlántico te salpique, listo.
  • Bañarte en una laguna tropical peruana y salir con barro en la piel, listo.
  • Estar de sed, tomar agüita de coco, almorzar cecina y luego hacer siesta en una hamaca entre cocoteros mientras te rodean gallinas y pollitos al borde de una laguna cual filme de Terrence Malick, listo.
  • Meditar sobre la vida y la muerte hasta que una lluvia súbita hace sonar la vegetación y te deja vacío de todo pensamiento, listo.
  • Sacarle la vuelta al turismo y convertirlo en ocio filosófico, listo.

Gracias, Tarapoto.


Recomendaciones
Alojamiento: Hoja Verde Bungalows
Excursión: Laguna Azul, distrito de Sauce (full day)
Vida nocturna: Stonewasi (bar), Anaconda (discoteca)

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