‎Game of Thrones: la llegada de los héroes

Spoiler alert

Fue quizá gracias a Star Wars que el libro de Joseph Campbell, El héroe de las mil caras, acabó de convertirse en un clásico de la cultura popular. En aquella saga el héroe era uno solo, Luke Skywalker; pero en la obra coral que es Game of Thrones no es tan fácil discernir un solo héroe. Felizmente son varios, cada uno con personalidad y retos distintos, y ese es uno de los grandes atractivos de la serie de HBO.  Dime más

Lima, entre la civilización y la barbarie

Antigua flecha de tránsito en San Isidro, Lima.

En sus orígenes, Lima era un centro de alta civilización. Pongamos la mirada en la época prehispánica y veremos templos, centros administrativos, caminos y acequias que atestiguan poblaciones complejas, cuyo trabajo permitió el surgimiento de haciendas durante el Virreinato y, en último término, de los distritos de la Lima actual. Pongamos luego la mirada en la época hispánica y encontraremos en Lima la primera universidad de América y la primera imprenta de Sudamérica, solo por darnos una idea de la importancia de la capital peruana como centro político, económico, eclesiástico y cultural en Sudamérica durante los años virreinales. Incluso podríamos mirar nuestro primer siglo republicano y encontraremos entre Lima y el Callao una de las primeras líneas férreas de Sudamérica, por ejemplo.  Cuéntame más

Instrucciones para comentar en redes sociales

Para comentar en redes sociales, consiga primero una libreta pequeña, que puede o no ser una Moleskine o una Brunnen, y póngala junto a su computadora. Si, por el contrario, usted es de los que prefieren consultar sus redes sociales en el celular sobre la marcha, descargue una aplicación de notas, como Simplenote. A continuación, ojee los posts y fotos de sus amigos hasta que surja en usted el deseo de decir algo. Escriba su comentario en la libreta o en la aplicación de notas, y ciérrela. Siga paseando o trabajando, o realizando la actividad que estuviera haciendo —haga algo con su vida, no sólo viva en redes sociales—. Después de unos veinte minutos, abra su libreta o aplicación de notas y lea su comentario. Piense en lo que ese comentario le hará sentir a su destinatario, y reflexione sobre qué tipo de persona parece ser usted al publicarlo. Decida si quiere ser considerado alguien amable e inteligente o un imbécil. Seguidamente, publique su comentario en función de la decisión que haya tomado.

Somos libres, seámoslo siempre

Hola, Perú, felicidades: 193 años de República no los cumple cualquiera así no más. Estás maltratadón, sí, pero bien que conservas tu encanto, tus contradicciones, tu hálito fantástico, folclórico, exótico, tu vocación dramática y fascinadora. ¿Quién eres? Canté tu himno en las mañanas escolares hace tanto tiempo, con frío de agosto, con calor de marzo, tanto tiempo, te decía, que quizá he olvidado algo en qué consistía la emoción que sentíamos al cantarlo. ¿Qué decía? Decía, me parece, que había algo tan bueno que había que conservarlo siempre. Ven conmigo, ayúdame a recordar algunas cosas al vuelo.  Alvarimás

O tetracampeão!

Brasil 2014-07-13_Alemania campeon_copa_Maracana

Venga un puñado de impresiones luego de la final de Brasil 2014.

Qué alivio no ser futbolista: no podría andar con los brazos todos tatuados.

¿Cómo se hizo esa herida Schweinsteiger, acaso tan punzante es un manazo?

Qué guapas las novias de los alemanes. Así cualquiera campeona.

¿Qué hay en un apellido impronunciable o en una cacería de animales? Si se apellidara Pérez o fuera ecologista, aquella a quien llamamos Axelle sería igual de hermosa.

Messi no fue el mejor jugador del mundial, ni ninguno. Éste no ha sido un mundial de estrellas, sino de equipos. Y el mejor de todos fue el que campeonó.

Notable lo de Argentina, que no fue sólo Messi. El triunfo alemán era lógico, pero los albicelestes podrían habérsela llevado también.

Los gobiernos podrán refaccionar o construir estadios mal, a destiempo y con poco criterio, incluso deshonestamente; los árbitros podrán malograr partidos; los manifestantes e hinchas podrán saltar a la cancha; la televisión podrá empecinarse en ocultarlos; los jugadores podrán morderse entre sí; y la FIFA podrá morder a la equidad y a los bolsillos de los empresarios. Pero lo que quedará en pie, siquiera en el largo plazo y de vez en cuando, es ver el juego asociado y propositivo salir triunfante. Gracias, Alemania.

#FueraBurga

Finalmente, esperemos que para el 2018 Rusia no ande invadiendo vecinos ni en Tierra Santa haya ping-pong de misiles.

También esperemos que en los próximos mundiales veamos en las ceremonias de inauguración y clausura cada vez menos pitbulls y más artistas como éstos.

Hasta luego.

Imagen destacada: Fotografía tomada del ‘Daily Mail‘.

El nombre de los americanos… ¿o se dice estadounidenses?

En la entrada sobre Estados Unidos de su Diccionario panhispánico de dudas, la Real Academia Española advierte:

[…] debe evitarse el empleo de ‘americano’ para referirse exclusivamente a los habitantes de los Estados Unidos, uso abusivo que se explica por el hecho de que los estadounidenses utilizan a menudo el nombre abreviado ‘América’ (en inglés, sin tilde) para referirse a su país. No debe olvidarse que ‘América’ es el nombre de todo el continente y son americanos todos los que lo habitan.

Dicho uso abusivo ha generado desazón y alarma en muchos latinoamericanos y quizá también en otras gentes comprometidas con los países en desarrollo, como puede apreciarse en la indignada reacción de los autores de un sitio web y alguna página de Facebook. Dejando el apasionamiento a un lado, no está de más pensar en cuál es el nombre más adecuado para llamar a los habitantes de los Estados Unidos de América, que se llaman a sí mismos Americans sin darle muchas vueltas al asunto o a lo mal que nos harían sentir.

Para todos es evidente que los países tienen dos nombres: uno largo y oficial, y otro corto y querido. Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Gran Bretaña —en realidad, Reino Unido—. Estado Plurinacional de Bolivia, Bolivia. República de Turquía, Turquía. Y así. Normalmente el nombre corto, que es como el nombre propio de las personas, es más antiguo y engloba en una palabra o dos muchos siglos de formación de una comunidad humana. El nombre oficial es sólo la descripción política de la forma más reciente que ha adoptado ese país. Forma que puede cambiar en el futuro. Por eso es tan importante el nombre corto, porque define, o intenta definir, la esencia invariable de un país. Siempre que nuestras identidades nacionales no acaben mezclándose en megaidentidades culturales cuando colonicemos Marte o las lunas de Júpiter, claro. Una identidad hispánica frente a otra china o anglosajona, por ejemplo.

Visto así, ¿no es injusto pretender que los habitantes de los Estados Unidos de América se llamen estadounidenses? Sería como pedir a los británicos que se llamen regiounidenses; a los bolivianos, plurinacionalistas; y a los turcos, republicanos. Además, no sólo sería injusto, sino impreciso, pues los mexicanos también son estadounidenses, en vista de que el nombre largo de su país es Estados Unidos Mexicanos. ¿Pero sería más justo considerar América como el nombre corto de ese país, como el nombre que revela su esencia? El café americano, el fútbol americano —paradójicamente practicado en forma masiva sólo en uno de los países americanos— y sobre todo el sueño americano apoyarían esta denominación.

Americans. Para los gringos —tenía que decirlo— fue muy evidente en el siglo XVIII que ellos eran los habitantes de los Estados de América que se habían unido, en un contexto en que en el resto del continente se extendían virreinatos de otras monarquías europeas. ¿Por qué no llamarse, pues, americanos? Una de dos: o ignoraban la existencia del resto del continente más allá de su pequeña costa atlántica inicial, o sí lo conocían, y adoptaron ese nombre de Estados Unidos de América por saberse los primeros americanos independientes, y justamente para dar cabida a que, en el futuro, más «Estados» se incorporaran a su Unión, como de hecho pasó. Voluntariamente o a la fuerza, eso ya es otra historia.

Decidir si los gringos —ya me gustó esto— son americanos o estadounidenses es decidir si vamos a permitirles usar el derecho que todos usamos de llamarnos coloquialmente con nuestro nombre corto, tratándolos como un hermano más en el concierto del mundo, o si vamos a usar con ellos un régimen de excepción y los obligaremos a llamarse según la forma política que su país actualmente tiene, quizá por miedo a la vocación inclusiva de ellos de aceptar más y más Estados americanos en su Unión, de modo de negarles el campo a ser más América de lo que ya son.

¿Es justificado tener tanto miedo de nuestros socios en el hemisferio? No lo sé. Por el momento, me despido con una fotografía de la embajadora Samantha Power, sentada junto a su par de Argentina, en una reunión de la ONU a raíz de la crisis de Ucrania.

Samantha Power

Adiós, inocencia

Louis Malle, 'Au revoir les enfants'
Spoiler alert

Au revoir les enfants, de Louis Malle, es una película sobre la pérdida de la inocencia, sobre cómo dejar atrás la niñez para «volverse grandes» implica tomar conciencia de las consecuencias de nuestros actos en un mundo frágil, de cuyo resquebrajamiento todos somos culpables.

Vemos un grupo de escolares de un internado religioso en la Francia de Vichy que viven en una burbuja de confort y buena educación hecha por sus padres, ocupados en mantener sus fortunas en medio de la invasión nazi. Una burbuja de canicas, revistas, estampillas, cigarrillos y objetos prohibidos proporcionados por Joseph, el empleado cojo y poco agraciado de la cocina, que roba las provisiones del colegio para echar a andar el mercado negro en el que los alumnos participan dándole los víveres que sus padres les envían, y que a Joseph le sirven para seducir chicas en una época de escasez. Una burbuja, quizá también, hecha por la sociedad francesa misma, que sostiene a la clase social de los niños del colegio a costa de personajes como Joseph.  Dime más

‘Contarlo todo’: ¿crítica social o introspección?

El debate en torno a Contarlo todo, de Jeremías Gamboa (Lima, 1975), se ha entrampado. Los críticos concuerdan en que estamos ante una novela de aprendizaje de base autobiográfica en la que el protagonista, Gabriel Lisboa, busca su identidad y su vocación literaria; una novela en clave, con instituciones y personajes construidos a partir de medios de prensa, periodistas y otras personas reales con quienes el autor se relacionó; y una novela cuando menos entretenida Dime más

Una feria en el museo: PArC y el mercado del arte en el Perú

El sábado 27 de abril fui al Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC-Lima) a visitar la primera edición de Perú Arte Contemporáneo (PArC), una feria de arte que reunió a galerías, artistas, coleccionistas y críticos del Perú y del extranjero. Quizá nunca antes se hizo algo parecido y ésta fue la primera feria de arte contemporáneo de Lima, como anunciaba el folleto del catálogo.

O al menos la primera feria de arte realizada en un museo.

Tras pagar la entrada de veinticinco soles, Dime más