La decisión de Violetta

Desde Lima, esto es… Radio Alsicú, transmitiendo vía web para los lectores y oyentes que generosamente nos siguen.

Cerramos nuestro especial de #NiUnaMenos con la soprano rusa Anna Netrebko, quien canta «Sempre libera» (‘Siempre libre’), el aria final del primer acto de La traviata (1853), de Giuseppe Verdi, acompañada por Rolando Villazón en el Festival de Salzburgo del 2005.

En este punto de la obra, Violetta (Anna Netrebko) está en casa luego de haber ofrecido una fiesta en la que ha conocido a Alfredo (Rolando Villazón), un muchacho que está enamorado de ella y que insiste en verla de nuevo. Ella tiene un amante, alguien con dinero, pero siente que quizá este chico podría ser para ella. Violetta le da una flor y le dice que venga a verla luego. Ya sola, recapacita, y se dice que no, que para ella es más importante estar siempre libre, que el amor es una locura. En eso, vemos que Alfredo vuelve y le insiste, pero ella se mantiene firme.

Podemos opinar lo que queramos: que Violetta tiene miedo al compromiso, que qué vergüenza, si es una cortesana, etcétera. Nada de eso es importante. Lo importante es que respetemos a Violetta, quien es una persona como todos nosotros: siempre libre, con derecho a hacer con su corazón lo que le plazca.

Escuchemos.

Villanela que escribí para que una amiga me besara, pero que no resultó porque creo que nunca la envié y por eso di con el manuscrito en mis papeles hace poco

No quieras de mi verso las canciones
+++sino los besos vivos de mi boca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Silenciosos avanzan los peatones.
+++Tu voz en mi cabeza me disloca.
+++No quieras de mi verso las canciones.
Tus labios en mi mente los dispones
+++y la imaginación se me desboca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Callado en una fiesta bebo rones:
+++tu mano no es el vaso que me toca.
+++No quieras de mi verso las canciones.
Las fotos de tu Facebook, tus facciones
+++en ansiedad mi pecho ya las troca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Los árboles del parque corazones
+++ostentan de algún mísero que invoca:
+++«No quieras de mi verso las canciones,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones».

Prueba de dolor

Vista. El dolor tiene el color de un amarillo sutilmente enrojecido, con tendencia al dorado, que refulge al sol en el día; y en la noche, en la memoria, cuando se cierran los ojos. Amarillo solar, acrayolado, sacado de un dibujo preescolar con personajes de sonrisa constante, volcado luego a la vista de un paisaje desolado, donde la limpieza de la luz no ilumina el camino que pueda seguirse sobre una llanura vacía, que a nada conduce.  Alvarimás

Día de San Valentín (II: Amar)

Es sábado 14 de febrero, Día de San Valentín, día de los enamorados. No sé cómo logré que sucediera, pero saldré con Zinnia. Creo que vi a Katia dándole un dinero a Carmen. Seguro le pagó para que Zinnia saliera conmigo, me dice el pensamiento, pero… ¿será así? No. No y no. No lo creo. Zinnia es muy reservada, y cuando la conocí el jueves, la llevé a las oficinas de Etiqueta Negra, donde creo que les gustó a todos. Tanto, que Marco, el director de la revista, se ofreció a entretenerla en su departamento en Miraflores mientras voy a recogerla. Al llegar, a las seis de la tarde, la encuentro algo sedienta, así que le ofrezco un vaso de agua que Marco pronto me acerca. Ella termina su vaso. Tras despedirnos de Marco, bajamos a la calle. Zinnia y yo nos vamos caminando rumbo a Larcomar, un centro comercial lleno de tiendas y cafés y restaurantes y cine y vista al mar y todo. Será perfecto.  Alvarimás

Día de San Valentín (I: Conocer)

Era la mañana clara de un jueves, de esas que solo se ven en Lima en el verano. Las casas estaban todas abiertas a la calle, adonde tenían sus jardines, de modo que el aire corría por todas partes, junto con los niños y sus juegos y sus voces. Creo que de una de las casas salía alguna música, lo suficientemente suave como para permitir que el resto de la animación del día surgiera de la conversación de la gente.

Entonces la vi.  Alvarimás

El blog va de San Valentín

Se viene el 14 de febrero, Día de San Valentín, día del amor y la amistad, aunque, a juzgar por lo que veremos en las calles ese día, parece que el amor va ganando la partida. Yo estaré solo y todo, pero ese día no me lo quiero perder, siquiera por mi blog. Así las cosas, se me ocurrió un proyecto de post que pronto expuse a los editores y a la productora de la revista en un e-mail. Inexplicablemente, a los editores les gustó mi carta, y hasta dijeron que era un post en sí misma, y otras insensateces por el estilo. Ni modo. La publico aquí, con venia editorial, para que tú también, querido lector, lectora, te diviertas y juzgues y señales con el dedo y me digas qué hacer. Esta es la carta:  Alvarimás

Los ojos de miel

No recuerdas muy bien cómo pasó. El caso es que habías salido de la revista más o menos temprano y decidiste ponerte a caminar y caminando llegaste a Miraflores, a la puerta de una discoteca a la que ya habías ido antes. Es jueves, pero qué diablos, te dijiste, y entraste. Haces cola brevemente, pagas, pim, pam, pum y ya estás frente a la barra, de luz azulada al interior y rojiza, quizá rosa, por afuera y hacia el piso. Pides un whisky en las rocas y pasas a la sala de baile. No hay mucha gente, y puedes distinguir que casi todas son mujeres, quizá todas. Excelente, piensas, y das un paseo.

Recorres la pista de baile, no por el medio, sino dando un rodeo, como para ver qué sucede. No estás muy seguro de lo que ves, así que subes al mezzanine. Te asomas sobre la baranda y das un sorbo a tu whisky. Bebes sin prisa, para que el hielo refresque tus labios y te haga sentir más despierto —ha sido un día intenso en el trabajo—. Cuando los hielos vuelven al fondo del vaso, miras de nuevo a la gente bailando y confirmas lo que sospechabas: es una fiesta de lesbianas.  Dime más