Feliz 2014

Nada cambia en año nuevo, dice Bono. El año nuevo trae la esperanza de una cuota de felicidad en medio de lo desconocido, dice Leopardi. En definitiva, hay que aprovechar el poco tiempo que queda para comerse el mundo, pues el año, así como vino, se va, dejándonos aquello que le dimos. Como un palíndromo. Por eso digo:

M… ¿año nuevo ve uno? ¡Ñam!

Probando un año nuevo

«¿Año Nuevo? El año pasado lo pasé en casa con mis papás, pero este año quiero salir. Sí, ya toca». Así me respondió una amiga cuando le pregunté por sus planes para las fiestas de fin de año, tratando de descubrir yo mismo qué hacer, pues todos mis amigos o se iban a las playas del sur de Lima o a las de Ecuador. Finalmente, ella alcanzó a coordinar con sus amigos una salida a una discoteca en el bulevar de Asia, balneario, también, del sur de Lima.

Todos han fugado por fin de año. Nadie se ha podido quedar quieto en Lima, como si hubiera algo terrible en no apuntarse a una buena juerga en la línea divisoria entre año y año, como si fuera una suerte de pecado laico no santificar la fiesta y esperar la venida del Año Nuevo —no sé por qué lo escribo con mayúscula— soñando en cama, o viendo el avance del cielo desde la ventana, en casa. Todos se han ido como el oleaje, siguiendo no sé qué propósito. Para tratar de averiguarlo, iré a donde mueren las olas, a la playa. Dime más