No comer para ser más fuerte: tres días de ayuno

La última cena

Sábado, nueve de la noche. Arroz, hamburguesa con kétchup y mostaza, quinua, cebolla, pimiento y un vaso de agua de maracuyá. Comí todo con normalidad, sin ninguna sensación de algo solemne. Eso sí: recordé —y me disculpo por la escasez de imaginación— la imagen de La Última Cena, de Leonardo, que podríamos interpretar como el fotograma de un momento solemne de traición. ¿Traicionaré yo también mi última cena, la haré mal? Posiblemente, porque siento que no estoy tomando en serio lo que voy a vivir, el tiempo de tres días que voy a pasar en ayuno. Pero no quiero hacerlo mal: quiero ayunar bien, y aprender lo que sea que tenga que aprender. Dime más