Balada para Andrea y Vic en el día de su boda

Ahora que estamos aquí reunidos nosotros, del amor espectadores, digamos a cuantos nos son queridos —refiérense así si dan dolores— esta balada. Sé que hay mejores, aunque la mía tiene su pujanza. Escuchen lo que digo, mis señores: conozco aquel lugar con esperanza.

Balada de la niña desaparecida

He perdido a mi chiquilla, ¿la habrá visto por ahí? Viste una casaquilla y zapatos carmesí. Tiene el pelito castaño, cortito y encrespado; no habla con ningún extraño, tal como le he enseñado. Tiene la piel de canela y la figura esbelta. Le iba a comprar una tela… ¡debo traerla de vuelta! Tiene algo enSigue leyendo “Balada de la niña desaparecida”

Reescribiendo a Bob Dylan: Balada de la señorita solitaria

No hace mucho muy ufana paseabas indiferente y a algún pobre en la mañana le soltabas de repente un centavo a que lo cuente. Mas ahora mira: cuentas ya lo que encuentras, muy silente, cual canto que rodado va. 

Balada nupcial

Para mi primo recién casado G. B. C., para que la cante a su dama, como Robert d’Estouteville hiciera con la balada que le dio Villon Xerox sólo habrá manera imposible de copiarte, maravilla o primavera en mi invierno de anhelarte. Natural en mí desearte ante tal tu hermosura. No me niegues el gozarte mientras la vidaSigue leyendo “Balada nupcial”