Villanela que escribí para que una amiga me besara, pero que no resultó porque creo que nunca la envié y por eso di con el manuscrito en mis papeles hace poco

No quieras de mi verso las canciones
+++sino los besos vivos de mi boca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Silenciosos avanzan los peatones.
+++Tu voz en mi cabeza me disloca.
+++No quieras de mi verso las canciones.
Tus labios en mi mente los dispones
+++y la imaginación se me desboca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Callado en una fiesta bebo rones:
+++tu mano no es el vaso que me toca.
+++No quieras de mi verso las canciones.
Las fotos de tu Facebook, tus facciones
+++en ansiedad mi pecho ya las troca,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones.
Los árboles del parque corazones
+++ostentan de algún mísero que invoca:
+++«No quieras de mi verso las canciones,
+++que todo lo que tocan lo hacen sones».

Meditación sobre el beso. Minicrónica razonada

A la primera chica que besé no la besé: ella me besó. Fue en abril del año pasado. Estábamos apoyados cada uno en la barra del bar, conversando y tomando unos piscos. No sé qué estaría diciendo yo cuando ella me interrumpió diciendo algo así como que por qué yo no sólo… ¡aaah…!, y luego se interrumpió y tomó mi cabeza entre sus manos y me besó. No opuse resistencia: un par de semanas antes, cuando nos conocimos luego de algún tiempo de escribirnos, quedé fascinado por la facilidad con que me abrí a ella para hablar de todos los temas imaginables —de todos— y sentirme absolutamente a gusto con una mujer con la que el vacío del tiempo se llenaba por completo.

A la segunda chica que besé no la besé: ella me pidió permiso para besarme. Fue en julio del año pasado. Era una fiesta de salsa, a la que fui con un par de amigos, Alvarimás