Los secretos del toro

En la noche de los tiempos, Zeus —que era Zeus— tuvo que convertirse en un toro muy majo para seducir a Europa. En el día que corremos, yo —que no soy dios olímpico— debería hacer lo mismo para seducir a una europea.

¿Y cómo se vuelve uno un toro muy majo? ¿Cómo se hace para tener el porte vistoso y guapo, pero discreto; el carácter manso y tierno, pero oportunamente agresivo; la devoción serena, pero apasionada; el gesto agraciado, pero vulgarmente explícito; la fortaleza incólume, la virilidad incólume, el corazón incólume, noble, inmaculado?

No lo sé, pero un taxista me habla de un plato que «te pone toro», y mis oídos escuchan música. «¡Te pone toro!», le dijeron sus amigos cuando acabó de comer, luego de llevarlo con engaños —le dijeron que comería un lomo al jugo— cerca del camal de Yerbateros en Lima para comer tripulina, un platillo hecho a partir de las criadillas, como se conoce a los testículos del toro. Alvarimás