La mosca, cuento de horror

Cuando Basilio despertó después de un sueño intranquilo, no vio a su bebé en la cuna. «Se la habrá llevado su madre al supermercado», pensó, mientras se desperezaba y bostezaba, y la modorra del sueño recién abandonado le impedía hacerse una idea de lo incómodo que sería para Muriel cargar a la bebé y hacer las compras a la vez, y luego volver a casa con la bebé y las compras, todo ella sola. Respiró hondamente, describiendo con sus brazos extendidos una lenta circunferencia que se cerró sobre su cabeza al tiempo que terminaba de inhalar. Repitió la figura en sentido inverso, mientras exhalaba hasta que las palmas de sus manos tocaron sus muslos, y luego levantó las manos nuevamente para palmearse la cara y acabar de despertarse.  Alvarimás