Gossip, o de la importancia de recuperar la vida cuando se la está perdiendo

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Hoy miércoles daremos una pequeña vuelta en nuestro especial en apoyo a la campaña de #NiUnaMenos esta semana. Ya estuvo bueno de temas expresamente sobre violencia contra la mujer por dos días; ahora presentamos «Standing in the Way of Control», del disco homónimo del 2006 de la desaparecida banda Gossip.

«Standing in the Way of Control» puede ser muchas cosas. Puede ser una canción de rebeldía adolescente contra la autoridad paterna en busca de la propia identidad; puede ser una declaración existencial de afirmación del individuo en una sociedad alienante; puede ser también —como al parecer dijo la cantautora Beth Ditto, una «lesbiana gorda y feminista de Arkansas»— una protesta contra los intentos del gobierno de controlar con quién se casa uno.

¿Dije que la canción puede ser muchas cosas? Mentí. Si reparamos en la letra, si nos perdemos en la estética web 1.0 del video —y recordamos que se hizo ya en la era 2.0—, si en la pausa que se inicia luego del minuto dos sentimos el gemido de la cantante crecer y estallar y animarnos a vivir nuestras vidas como mejor podamos, veremos que Beth Ditto canta una sola cosa: la vida se nos va, y a nosotros toca permitir que alguien se la lleve o tomarla y vivirla. Y en un país como el Perú, donde alrededor del 70 % de las mujeres dice haber sufrido alguna vez violencia psicológica o verbal de sus parejas, es fundamental aprender a recuperar la vida.

Escuchemos.

Los ojos de miel

No recuerdas muy bien cómo pasó. El caso es que habías salido de la revista más o menos temprano y decidiste ponerte a caminar y caminando llegaste a Miraflores, a la puerta de una discoteca a la que ya habías ido antes. Es jueves, pero qué diablos, te dijiste, y entraste. Haces cola brevemente, pagas, pim, pam, pum y ya estás frente a la barra, de luz azulada al interior y rojiza, quizá rosa, por afuera y hacia el piso. Pides un whisky en las rocas y pasas a la sala de baile. No hay mucha gente, y puedes distinguir que casi todas son mujeres, quizá todas. Excelente, piensas, y das un paseo.

Recorres la pista de baile, no por el medio, sino dando un rodeo, como para ver qué sucede. No estás muy seguro de lo que ves, así que subes al mezzanine. Te asomas sobre la baranda y das un sorbo a tu whisky. Bebes sin prisa, para que el hielo refresque tus labios y te haga sentir más despierto —ha sido un día intenso en el trabajo—. Cuando los hielos vuelven al fondo del vaso, miras de nuevo a la gente bailando y confirmas lo que sospechabas: es una fiesta de lesbianas.  Dime más