Sextina de las lluvias y los huaicos

A Luis Castañeda Lossio, alcalde ausente de Lima

A los afectados por las lluvias, la estupidez y la corrupción

 

La mucha intensidad con que las lluvias
descienden a lo largo de los cauces
ya forma y alimenta nuevos huaicos
que surcan cuesta abajo por la costa,
llevándose de súbito a la gente
envuelta en los escombros y en el lodo.  Dime más

Al Dr. D. Luis Castañeda Lossio, el mejor alcalde de Lima de todos los tiempos

Si el mejor fue Castañeda,
venga el fuego a la Alameda.

Castañeda, Castañita,
mira mira lo que has hecho:
mucha gente ya sin techo
has dejado y necesita
poner algo en su marmita
mientras tu partido rueda:
«¡Si el mejor fue Castañeda!».
¡Venga el fuego a la Alameda!  Dime más

Lima, entre la civilización y la barbarie

Antigua flecha de tránsito en San Isidro, Lima.

En sus orígenes, Lima era un centro de alta civilización. Pongamos la mirada en la época prehispánica y veremos templos, centros administrativos, caminos y acequias que atestiguan poblaciones complejas, cuyo trabajo permitió el surgimiento de haciendas durante el Virreinato y, en último término, de los distritos de la Lima actual. Pongamos luego la mirada en la época hispánica y encontraremos en Lima la primera universidad de América y la primera imprenta de Sudamérica, solo por darnos una idea de la importancia de la capital peruana como centro político, económico, eclesiástico y cultural en Sudamérica durante los años virreinales. Incluso podríamos mirar nuestro primer siglo republicano y encontraremos entre Lima y el Callao una de las primeras líneas férreas de Sudamérica, por ejemplo.  Cuéntame más

Los ojos de miel

No recuerdas muy bien cómo pasó. El caso es que habías salido de la revista más o menos temprano y decidiste ponerte a caminar y caminando llegaste a Miraflores, a la puerta de una discoteca a la que ya habías ido antes. Es jueves, pero qué diablos, te dijiste, y entraste. Haces cola brevemente, pagas, pim, pam, pum y ya estás frente a la barra, de luz azulada al interior y rojiza, quizá rosa, por afuera y hacia el piso. Pides un whisky en las rocas y pasas a la sala de baile. No hay mucha gente, y puedes distinguir que casi todas son mujeres, quizá todas. Excelente, piensas, y das un paseo.

Recorres la pista de baile, no por el medio, sino dando un rodeo, como para ver qué sucede. No estás muy seguro de lo que ves, así que subes al mezzanine. Te asomas sobre la baranda y das un sorbo a tu whisky. Bebes sin prisa, para que el hielo refresque tus labios y te haga sentir más despierto —ha sido un día intenso en el trabajo—. Cuando los hielos vuelven al fondo del vaso, miras de nuevo a la gente bailando y confirmas lo que sospechabas: es una fiesta de lesbianas.  Dime más

La luz y el cuerpo

Final de mi paseo nocturno por San Isidro. Salgo a la avenida Javier Prado.

Nunca estoy solo:
si se asoma mi cuerpo,
la luz lo alcanza.

La esquina

De madrugada, en San Isidro, recorro una calle. Me detengo y volteo a la izquierda. Veo una esquina, quizá de adobe. Lo que había detrás de aquel muro debe haber desaparecido. Sin embargo, algo sigue presente.

En una esquina
nadie, nadie pasa ya,
sólo el tiempo.

La espera de la casa

De madrugada, una casa vieja y silenciosa interrumpe mi paseo por San Isidro. No muy lejos, se alzan nuevos edificios. Digo a la casa:

Antigua casa,
¿aún no te demuelen?
Vacía, callas.

El águila del Camino Real

De madrugada, en el Centro Comercial Camino Real de San Isidro —en la puerta abierta de vidrio, el guardia dormía—, camino por el paseo central hasta llegar a la escultura del águila. No ha cambiado en más de veinte años.

Águila antigua,
esperas a tu presa
una y otra vez.