A Lima en su día

Lima, Límac, Rímac. Valle cantor, y bullidor. Y más, con el Chillón y Lurín. Tierra de dioses, de dioses y hombres, de Pachacámac y Huarochirí. Ciudad de Pizarro, y más, Taulichusco; del Cristo Moreno, de sismo muy brusco. Ciudad de los Reyes, de Carlos y Juana, de Melchor, Gaspar y Baltasar (también de Alvar). Ciudad de moros y cristianos, de hispanos y paganos, costeños y serranos. Lima del 6 de enero. Lima del 18 de enero. Lima del 28 de julio. Lima sufrida, vejada, imaginada, perdida y recuperada: eres hermosa. Y yo te amo.

Limenian Woman

After Jim and The Doors

 

To N. L. C., Doors fan, in her birthday


Well, I’ve just been going crazy for an hour or so
Crossing all the town, no place in sight to go,
Stuck here in a combi while outside all the wind blows.

Then I saw you, pretty lady, in the City of Kings
Or just another poor stranger… City of Blings
City of Blings, City of Blings, City of Blings! Woo, come on!

Limenian Woman, Limenian Woman
Limenian Woman in the bus stop
Limenian Woman in the bus stop
Limenian Woman in the bus stop
Waiting for something
What could it be? What could it be? Yeah!
What could it be, baby?
What could it be? Oh, yeah!

Your eyes and mine are burning
Long gone by easy rider;
If they say I never loved you
May light become a spider
Weaving all the streets by
The pleasure of its own.
Hidden stars, the doves of Mars
Never saw a woman…
Looking like you, looking like you
Looking like you, looking like you.

Traffic, noises, dullness, spices…
Let’s go around and throw the dices.

River all so aa, river all so aa
River all so aa, river all so aa
Got to keep on aa
River all so aa, river all so aa
All so aa, gotta aa-aa
River all so aa, gotta keep on aa
Aa, aa
Gone aa, aa
I’m gone aa, aa
I gotta aa, aa
Well, aa, aa
I gotta, wooo, yeah, aa
Woah, oh yeah…

Well, I’ve just been going crazy for an hour or so
Crossing all the town, no place in sight to go
Stuck here in a combi while outside all the wind blows.

Are you a lucky little lady in the City of Kings
Or just another poor stranger? City of Blings
City of Blings, City of Blings, City of Blings! Woo, come on!

Limenian Woman, Limenian Woman
Limenian Woman, you’re my woman
Nice Limenian Woman, nice Limenian Woman
Lima, Lima… Woman, woman
Limenian Woman come on…

Bach sin Bach, o música sin café, o música divina

“Aquí huele a café”. Ésa fue la tos más extraña que jamás escuché en un concierto de música clásica. Ocurrió en el último día del XV Festival Internacional Bach que se celebra en Trujillo, pero que por razones esotéricas ha tenido una “edición limeña” en el ICPNA de Miraflores y no toca música exclusiva de Bach. “Aquí huele a café”, le susurró una mujer a otra en el oído mientras Arnold Schalker (al piano) y Francisco Pereda (en el violín) se esforzaban por hacer escuchable una composición de Édgar Valcárcel, que difícilmente pudo competir con Grieg y Chopin, antes, ni con Liszt después. “Aquí huele a café”, le dijo, y al parecer dio resultado, porque al poco rato una mujer de la primera fila con algún vasito en la mano derecha se puso de pie y se fue y de súbito la sala como que olió a ausencia.

Así es mejor. En un concierto de música clásica siempre estamos solos, no importa a cuántas amigas hayamos telefoneado una tras otra sólo para oír la contestadora o que están estudiando ni adónde apunte nuestra imaginación. No importa. En una sala de conciertos no hay excusas: uno renuncia a llenar el tiempo con las banalidades diarias y no se puede sino escuchar. Así las cosas, más nos vale escuchar realmente. Ensayar una conexión con el desarrollo del tema musical que va pasando frente a nuestros oídos y ojos -en una sala de conciertos la música se ve- en medio del silencio, del silencio que precede a la ejecución y del otro (el mismo) que inexorablemente sucede, tras el último aplauso, y a pesar de los bips telefónicos que los limeños también inexorablemente dejamos sonar para pasmo de los intérpretes y de la urbanidad. La música nace y muere entre el silencio, como lo hacemos nosotros entre los siglos. Una pieza musical suena básicamente a una metáfora secreta de la vida.

Así escuchada, la música puede ser exasperante. Uno se siente viajar con ella, ir a algún lado, estar a punto de entender algo (de ella, y por lo mismo, de nosotros), pero luego todo termina. La música acaba, y su lenguaje se nos olvida: nos vamos sin saber qué se nos dijo. No nos queda sino marcharnos a casa, solos nuevamente. La música es una compañera demasiado fugaz. A veces creo que quiere educarme, que me cuenta la parábola de mi vida, pero no estoy seguro.

Aquella noche, tras el concierto, camino a casa en la combi por la avenida Angamos, yo volvía sin haber entendido nada. Tampoco entendí qué significaban las dos personas que sobre cartones y bajo periódicos dormían contra un muro, ni esa pareja mayor que se besaba largamente bajo la luz roja, ni al semáforo siguiente aquella otra pareja joven de un pelafustrán que le cerraba la puerta del taxi a la chica con violencia mientras la sujetaba del brazo.

Dios mío, a veces creo que compones como Valcárcel.