La cacería

Despiertas. Oyes un sonido agudo, un como chillido. Te asomas a la ventana. Silencio. Lo oyes de nuevo, y una bandada de palomas se dispara. Silencio, y el chillido de nuevo dos veces, y las palomas vuelan en otra dirección. Entonces dices:

Cuando despiertas,
en el cielo resuena
la cacería.

Puta negra sobre cliente franco

A la manera de César Vallejo 

Para mi amigo D. P., que me obsequió el primer verso

Me moriré en Callao, en Trocadero,
+++buscando alguna puta que me atienda.
+++Me moriré buscando la contienda
+++en que mi ansia dé con asidero.
Ella dirá: —Hoy eres el primero.
+++Y yo: —Señora, no se desentienda,
+++que a la sazón no hallo la molienda
+++do trabajar mi grano pajarero.
Me montará muy luego la señora,
+++se moverán sus pechos en el aire,
+++discurrirá penúltima mi hora.
Contemplaré en la puerta algún ataire,
+++y exhalaré la paz que se atesora
+++en el rendido fin, ya sin donaire.

Escrito siguiendo la sugerencia del día de NaPoWriMo.

Édgar Tamayo: con la muerte en el nombre

Una de las características más notables de los palíndromos es su capacidad de perturbar, de revelar el sentido oculto de las palabras, como un oráculo. Por eso me quedé helado cuando, viendo por televisión la noticia de que el mexicano Édgar Tamayo será ejecutado esta tarde en Texas a pesar de una serie de objeciones a la sentencia y a cómo se dictó, reparé en el palíndromo que esconde su apellido, acaso la orden que en Texas se dará al verdugo a toda prisa ante los pedidos de clemencia:

A Tamayo ya mata.