‎Game of Thrones: la llegada de los héroes

Spoiler alert

Fue quizá gracias a Star Wars que el libro de Joseph Campbell, El héroe de las mil caras, acabó de convertirse en un clásico de la cultura popular. En aquella saga el héroe era uno solo, Luke Skywalker; pero en la obra coral que es Game of Thrones no es tan fácil discernir un solo héroe. Felizmente son varios, cada uno con personalidad y retos distintos, y ese es uno de los grandes atractivos de la serie de HBO.  Dime más

La mosca, cuento de horror

Cuando Basilio despertó después de un sueño intranquilo, no vio a su bebé en la cuna. «Se la habrá llevado su madre al supermercado», pensó, mientras se desperezaba y bostezaba, y la modorra del sueño recién abandonado le impedía hacerse una idea de lo incómodo que sería para Muriel cargar a la bebé y hacer las compras a la vez, y luego volver a casa con la bebé y las compras, todo ella sola. Respiró hondamente, describiendo con sus brazos extendidos una lenta circunferencia que se cerró sobre su cabeza al tiempo que terminaba de inhalar. Repitió la figura en sentido inverso, mientras exhalaba hasta que las palmas de sus manos tocaron sus muslos, y luego levantó las manos nuevamente para palmearse la cara y acabar de despertarse.  Alvarimás

Día de San Valentín (II: Amar)

Es sábado 14 de febrero, Día de San Valentín, día de los enamorados. No sé cómo logré que sucediera, pero saldré con Zinnia. Creo que vi a Katia dándole un dinero a Carmen. Seguro le pagó para que Zinnia saliera conmigo, me dice el pensamiento, pero… ¿será así? No. No y no. No lo creo. Zinnia es muy reservada, y cuando la conocí el jueves, la llevé a las oficinas de Etiqueta Negra, donde creo que les gustó a todos. Tanto, que Marco, el director de la revista, se ofreció a entretenerla en su departamento en Miraflores mientras voy a recogerla. Al llegar, a las seis de la tarde, la encuentro algo sedienta, así que le ofrezco un vaso de agua que Marco pronto me acerca. Ella termina su vaso. Tras despedirnos de Marco, bajamos a la calle. Zinnia y yo nos vamos caminando rumbo a Larcomar, un centro comercial lleno de tiendas y cafés y restaurantes y cine y vista al mar y todo. Será perfecto.  Alvarimás

Día de San Valentín (I: Conocer)

Era la mañana clara de un jueves, de esas que solo se ven en Lima en el verano. Las casas estaban todas abiertas a la calle, adonde tenían sus jardines, de modo que el aire corría por todas partes, junto con los niños y sus juegos y sus voces. Creo que de una de las casas salía alguna música, lo suficientemente suave como para permitir que el resto de la animación del día surgiera de la conversación de la gente.

Entonces la vi.  Alvarimás

Los ojos de miel

No recuerdas muy bien cómo pasó. El caso es que habías salido de la revista más o menos temprano y decidiste ponerte a caminar y caminando llegaste a Miraflores, a la puerta de una discoteca a la que ya habías ido antes. Es jueves, pero qué diablos, te dijiste, y entraste. Haces cola brevemente, pagas, pim, pam, pum y ya estás frente a la barra, de luz azulada al interior y rojiza, quizá rosa, por afuera y hacia el piso. Pides un whisky en las rocas y pasas a la sala de baile. No hay mucha gente, y puedes distinguir que casi todas son mujeres, quizá todas. Excelente, piensas, y das un paseo.

Recorres la pista de baile, no por el medio, sino dando un rodeo, como para ver qué sucede. No estás muy seguro de lo que ves, así que subes al mezzanine. Te asomas sobre la baranda y das un sorbo a tu whisky. Bebes sin prisa, para que el hielo refresque tus labios y te haga sentir más despierto —ha sido un día intenso en el trabajo—. Cuando los hielos vuelven al fondo del vaso, miras de nuevo a la gente bailando y confirmas lo que sospechabas: es una fiesta de lesbianas.  Dime más

‘Contarlo todo’: ¿crítica social o introspección?

El debate en torno a Contarlo todo, de Jeremías Gamboa (Lima, 1975), se ha entrampado. Los críticos concuerdan en que estamos ante una novela de aprendizaje de base autobiográfica en la que el protagonista, Gabriel Lisboa, busca su identidad y su vocación literaria; una novela en clave, con instituciones y personajes construidos a partir de medios de prensa, periodistas y otras personas reales con quienes el autor se relacionó; y una novela cuando menos entretenida Dime más

Intruso

Antes de abandonar el patio rumbo a la cocina llevándose las toallas secas, volteó. Las tres palomas al borde del muro bajo la noche de verano apenas se distinguían por sus siluetas y por su blanca cera, pero era suficiente para saber que se miraban, que lo miraban, que no sabían qué hacer mientras no amaneciera y la luz de la Luna siguiera reflejándose en sus pequeñas pupilas.

Viaje al Brasil en el Perú

El viernes último me fui a Brasil. Llegué justo tras varias horas de trabajo en una imprenta en Jesús María, donde estuve revisando el texto de un libro. Nada mal llegar a Brasil tras el trabajo, me dije, con alguna sonrisa.

Llegué de noche. Mi pecho vibraba un poquito, más del frío que de la emoción. A las calles las cubría una fina película de rocío, y la suciedad se apelotonaba en las esquinas de todas partes. Quería salir de ahí. Frente a mí tenía, al otro lado de la avenida, una vieja iglesia; no podía cruzar por el enrejado que se extendía a mitad de la avenida, cuan larga era. Pero en mi lado de la acera había un centro podológico. Muros altos, muebles metálicos, letras coloridas, luz tímida. Desde el techo, el fluorescente me contaba un secreto. Me acerqué. Entré. El lugar estaba vacío, salvo por un hombre bajo, esbelto, jeans y casaca marrón, audífonos en las orejas, acostado sobre la litera de los pacientes, sentado sobre ella al verme, sus ojos en mis ojos, sus audífonos en sus manos, mi voz en sus oídos.

-¿Cómo salgo de aquí?
-Cruce la avenida, por la reja: por aquí nomás hay un huequito…
-No, pero ¿para cruzar por un paso de cebra?
-Camine pues unas dos cuadras hasta Plaza Vea pues…

Sí. En el cruce de las avenidas Brasil y Cayetano Heredia, el Perú es un lugar inexpugnable desde dentro. ¿Cómo será llegando del Brasil?