Romance de la Luna y el astronauta

Por el vasto y negro cielo
el astronauta volaba.
Hacia la Luna distante
sus motores enrumbaba.
Todo el frío del espacio
su nave atravesaba
y ese punto diminuto
que era la Luna lejana
más grande y más grande era
conforme se aproximaba.
¡Ten cuidado, astronauta!,
que si en algo equivocaras
al usar tus instrumentos
o si tu nave fallara,
rondando la Luna irías
con vueltas que no se acaban,
sin que tu nave parase
ni hallase camino a casa;
a tu madre le darían
alguna fría medalla
y en el cielo selenita
tu cadáver se callara. Dime más

Romance de veinticuatro (o de cómo Álvaro conoció a Daniela)

A Daniela de la Puente Luna,
en sus veinticuatro años


En una tarde bailaba
sobre un tablado Daniela,
era un tablado situado
en una tarde perfecta:
en los altos de su casa
resonando por doquiera
mientras yo en el primer piso
sin verla gritos sintiera.
A trabajar yo había ido
a revisar de Etiqueta
Negra varios artículos
con Jose en la biblioteca.
Es José Carlos su hermano
y amigo mío de veras
pues evitó presentarnos
hasta que días se fueran;
días larguísimos, días
como la esquina que quiebra
al tornar nos el camino
y ver que el cabo no llega.
Pero al fin llega, trayendo
en el final de la espera
romance de veinticuatro
años y versos que vuelan.