Probando un año nuevo

«¿Año Nuevo? El año pasado lo pasé en casa con mis papás, pero este año quiero salir. Sí, ya toca». Así me respondió una amiga cuando le pregunté por sus planes para las fiestas de fin de año, tratando de descubrir yo mismo qué hacer, pues todos mis amigos o se iban a las playas del sur de Lima o a las de Ecuador. Finalmente, ella alcanzó a coordinar con sus amigos una salida a una discoteca en el bulevar de Asia, balneario, también, del sur de Lima.

Todos han fugado por fin de año. Nadie se ha podido quedar quieto en Lima, como si hubiera algo terrible en no apuntarse a una buena juerga en la línea divisoria entre año y año, como si fuera una suerte de pecado laico no santificar la fiesta y esperar la venida del Año Nuevo —no sé por qué lo escribo con mayúscula— soñando en cama, o viendo el avance del cielo desde la ventana, en casa. Todos se han ido como el oleaje, siguiendo no sé qué propósito. Para tratar de averiguarlo, iré a donde mueren las olas, a la playa. Alvarimás

I Wish I Smelt Jasmines Giving Their Greetings

I wish I smelt jasmines giving their greetings
To a dying Sun whose lasting rays are not
The perishable hands of mine that allot
Rough or smooth as clear sensations to all things.

Those rays are accurate spears hurting a lot
The sight of men as well as the air that brings
To every being a powerful touch which swings
The tallest trees, carries birds, reaches the thought.

I’ve been told the wind speaks the obscure language
Of a bird that tastes a car screeching, of beings
Giving a hard-working lifetime in exchange.

It may be true: I heard the leaves rustling and
Stopped; it was the Earth giving me courage
Not to notice light, but the jasmines’ scent band.